Justicia y Gracia. 
Porque en efecto, don Benito juró -y el término es exacto-, desempeñar el cargo de Presidente conforme a la Constitución. ¿Lo cumplió? Digamos que más o menos, aunque a Juárez se le haya construido una fama de celoso guardián de la legalidad, porque aplicó rigurosamente la ley en contra de sus adversarios, pero como el mismo decía: “a los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, nada más la justicia”. Don Benito llegó a la Presidencia porque no quiso apoyar a Ignacio Comonfort, quien deseaba reformar la Constitución; luego, 10 años después, Juárez intentó reformarla tal y como se lo había sugerido Comonfort. Mientras tanto, durante la “gran década nacional”, gobernó con facultades extraordinarias, sin tomar en cuenta a la Constitución; por eso, como la Ley Suprema lo obligaba a dejar la Presidencia en 1865, decidió no hacerle caso y prorrogar su mandato, y muy a pesar de que la misma Carta Magna prohibía la pena de muerte por delitos políticos, aprobó la ejecución de Maximiliano, quien cometió el delito de usurpar el gobierno del país, lo cual es claramente un crimen político. Lo más curioso es que siendo Juárez un “legalista y un profundo conocedor del Derecho” quiso modificar la Constitución mediante un procedimiento no previsto en ella. Por supuesto, lo objetaron y no pudo hacerlo. En cambio, un aspecto poco conocido es que reconoció los actos jurídicos entre particulares y entre el gobierno y los ciudadanos, realizados en la época del segundo imperio mexicano.




